El Hijo de Dios no tiene límites. Su fortaleza es ilimitada, así como su paz, su júbilo y todos los atributos con los que su Padre lo dotó al crearlo. Lo que dispone con su Creador y con su Redentor se hace. Lo que su santa voluntad dispone jamás puede ser negado porque su Padre refulge en su mente y deposita ante ella toda la fuerza y amor de la tierra y del Cielo. Soy aquel a quien todo esto se le da. Soy aquel en quien reside el poder de la Voluntad del Padre.
Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí. Tu Voluntad no tiene límites. Por lo tanto, a Tu Hijo se le ha dado todo poder.