✦ LECCIÓN 121 · UCDM

Lección 121

"El perdón es la llave de la felicidad."

Lección oficial

He aquí la respuesta a tu búsqueda de paz. He aquí lo que dará significado a un mundo que no parece tener sentido. He aquí el camino que conduce a la seguridad en medio de aparentes peligros que parecen acecharte en cada recodo y socavar todas tus esperanzas de poder hallar alguna vez paz y tranquilidad. Con esta idea todas tus preguntas quedan contestadas; con esta idea queda asegurado de una vez por todas el fin de toda incertidumbre.

La mente que no perdona vive amedrentada y no le da margen al amor para ser lo que es ni para que pueda desplegar sus alas en paz y remontarse por encima de la confusión del mundo. La mente que no perdona está triste, sin esperanzas de poder hallar alivio o liberarse del dolor. Sufre y mora en la aflicción, merodeando en las tinieblas, pero sin poder ver nada, convencida, no obstante, de que el peligro la acecha allí.

La mente que no perdona vive atormentada por la duda, confundida con respecto a sí misma, así como con respecto a todo lo que ve, atemorizada y airada. a La mente que no perdona es débil y presumida, tan temerosa de seguir adelante como de quedarse donde está, de despertar como de irse a dormir. b Tiene miedo también de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio; la obscuridad la aterra, mas la proximidad de la luz la aterra aún más. ¿Qué puede percibir la mente que no perdona sino su propia condenación? ¿Qué puede contemplar sino la prueba de que todos sus pecados son reales?

La mente que no perdona no ve errores, sino únicamente pecados. Mira al mundo con ojos invidentes y da alaridos al observar sus propias proyecciones alzarse para arremeter contra la miserable parodia que es su vida. Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta. Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda esperanza. Desea escapar, sin embargo, no puede ni siquiera concebir la manera de hacerlo, pues ve pecado por doquier.

La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor esperanza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea mayor desesperación. No obstante, ve sus juicios con respecto al mundo como algo irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación. No cree que pueda cambiar, pues lo que ve da testimonio de que sus juicios son acertados. No pregunta, pues cree saber. No cuestiona, convencida de que tiene razón.

El perdón es algo que se adquiere. No es algo inherente a la mente, la cual no puede pecar. Del mismo modo en que el pecado es una idea que te enseñaste a ti mismo, así el perdón es algo que tienes que aprender, no de ti mismo, sino del Maestro que representa el otro ser que hay en ti. Por medio de Él aprendes a perdonar al ser que crees haber hecho y dejas que desaparezca. De esta manera, le devuelves tu mente en su totalidad a Aquel que es tu Ser, el Cual no puede pecar.

Cada mente que no perdona te presenta la oportunidad de enseñar a la tuya cómo perdonarse a sí misma. Cada una está esperando a liberarse del infierno por mediación tuya, y se dirige a ti implorando el Cielo aquí y ahora. Ha perdido toda esperanza, pero tú te conviertes en su esperanza. Y al convertirte en su esperanza, te vuelves la tuya propia. La mente que no perdona tiene que aprender, mediante tu perdón, que se ha salvado del infierno. Y a medida que enseñes salvación, aprenderás lo que es. Sin embargo, todo cuanto enseñes y todo cuanto aprendas no procederá de ti, sino del Maestro que se te dio para señalarte el camino.

Nuestra práctica de hoy consiste en aprender a perdonar. Si estás dispuesto, hoy puedes aprender a aceptar la llave de la felicidad y a usarla en beneficio propio. Dedicaremos diez minutos por la mañana y otros diez por la noche a aprender cómo otorgar perdón y también cómo recibirlo.

La mente que no perdona no cree que dar y recibir sean lo mismo. Hoy trataremos, no obstante, de aprender que sí lo son, practicando el perdón con alguien a quien consideras un enemigo, así como con alguien a quien consideras un amigo. Y a medida que aprendas a verlos a ambos como uno solo, extenderemos la lección hasta ti y veremos que su escape supone el tuyo.

Comienza las sesiones de práctica más largas pensando en alguien que te cae mal, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías encontrarte; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar. La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante. Probablemente ya sabes de quién se trata. Ese mismo vale.

Ahora cierra los ojos y, visualizándolo en tu mente, contémplalo por un rato. Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él, algún pequeño destello que nunca antes habías notado. Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad brillando a través de la desagradable imagen que has formado de él. Continúa contemplando esa imagen hasta que veas luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.

Observa esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amigo. Trata de transferirle la luz que aprendiste a ver alrededor de quien antes fuera tu “enemigo”. Percíbelo ahora como algo más que un amigo, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, salvado y salvando, sano e íntegro.

Permite entonces que te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu “enemigo” y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste. Ahora eres uno con ellos, tal como ellos son uno contigo. Ahora te has perdonado a ti mismo. No te olvides a lo largo del día del papel que desempeña el perdón en brindar felicidad a toda mente que no perdona, incluida la tuya. Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:

El perdón es la llave de la felicidad. Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios.

Reflexión de Sandra Flórez

Un cerrojo cuida algo de mucho valor, pero el ego también suele darle valor a lo que no lo tiene por eso crea cerrojos para no acceder a lo que lo deshace.

Hoy se nos da la LLAVE para acceder a la felicidad, y no cualquier llave, se nos da la del Perdón!!!! Habíamos creído que la felicidad la daba cualquier otra cosa, que ella dependía de muchos esfuerzos, cuando depende de una decisión.

Y quien se niega a usarla se está debatiendo entre un mundo de intenso dolor que solo lleva a infringirse cada vez más daño, entrando a un mundo de insensateces y de incomprensión , en donde todo le confunde, le aturde y le bloquea la oportunidad de ver.

Quien juzga no quiere ver, pues le teme a La Luz, no quiere el silencio pues le teme a su voz, le huye al ruido pues le estremece su sonido, no se indaga pues cree que lo sabe todo, no perdona pues siente que si lo hace pierde, ve a al otro como a un rival y no como el regalo que le da la oportunidad del perdón para alcanzar en Él su Salvación.

El perdón no hace parte de lo que Dios nos dio pues Él, nos hizo perfectos; ese fue el regalo que nos dio el Espíritu Santo para salir de nuestra ilusión cuando nos hallamos separados De Dios, y con eso fabricamos el pecado que no es nada más que la manifestación del miedo, y eso es lo que expresan todos aquellos a los que hemos elegido condenar con nuestro juicio; miedo, y es que no se puede sentir otra cosa cuando percibimos que estamos separados de nuestro creador, terror; al pensar que necesitamos defendernos para demostrar quienes somos, pánico; al cederle el poder de nuestra vida a nuestras emociones en medio de la inseguridad, angustia; al pensar que nos destruiremos si decidimos amar y todo esto concluye en actitudes que desatan guerras violentas contra nosotros mismos que luego se proyectan en los demás.

Perdonar entonces requiere un maestro que nos recuerde que “quien esté libre de pecado, tire la primera piedra” o es que acaso no hemos sentido el resumen de todo lo anterior? Y en consecuencia, no hemos pues actuado alguna vez con tal desfachatez? Todos hemos olvidado! por lo tanto todos, hemos cometido errores producto de un solo error, sentirnos separados De Dios; así que este es el único error a perdonar en esta proyección. Más, si hoy recordáramos que jamas nos separamos, que nunca hemos abandonado al Padre y que el tampoco nos abandonó, que todos estamos dormidos en medio de un sueño buscando respuestas en múltiples situaciones y culpando a otros por algo que nunca existió. Si lo recordamos sólo habrá una cosa que perdonar, al habernos creído todo esto y de esta forma, abriremos la puerta que El ego bloqueó atesorandose a él mismo para no perderse, esa misma puerta que nos conduce al tesoro real de la Felicidad, donde los sentidos desaparecen y comenzamos a ver con el ojo del alma porque el del cuerpo, sólo obedece a los caprichos del ego que se resiste a ser realmente Feliz.

Así que cada vez que alguien no te perdone, solo perdónate por esto y regrésale su perdón saliéndote del sueño para ver en Él la morada De Dios a través del amor, y agradécele por la oportunidad de encontrar en Él la llave que hoy te revela la felicidad, así te das y le das incluso a quien cree que no ha querido ni dar, ni recibir.

Práctica:

Comienza las sesiones de práctica más largas pensando en alguien que no te cae bien, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías haberte encontrado; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar. La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante. Probablemente ya sabes de quién se trata. Ese mismo vale.

Cierra ahora los ojos y, visualizándolo en tu mente, contém­plalo por un rato. Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él, algún pequeño destello que nunca antes habías notado. Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad bri­llando a través de la desagradable imagen que de él has formado. Continúa contemplando esa imagen hasta que veas luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.

Contempla esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amigo. Trata de transferirle a éste la luz que aprendiste a ver en torno de quien antes fuera tu “enemigo”. Percíbelo ahora como algo más que un amigo, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, sal­vado y salvando, sano e íntegro.

Permite entonces que él te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu “enemigo” y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste. Ahora eres uno con ellos, tal como ellos son uno contigo. Ahora te has perdonado a ti mismo. No te olvides a lo largo del día del papel que juega la salvación en brindar felicidad a todas las mentes que no perdonan, incluyendo la tuya. Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:

“El perdón es la llave de la felicidad.

Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado, y sabré que soy el perfecto Hijo de Dios.”

PROFUNDIZA EN ESTE TEMA

Amándome

Si esta lección sobre perdón resuena en ti, el taller Amándome te lleva a un nivel más profundo de sanación del abuso y reconciliación.

Conocer el curso →
Resolveremos tus dudas Escríbenos por WhatsApp